Hasta principios del siglo XIX sólo podía saberse del antiguo Egipto lo que habían contado los griegos á partir de Herodoto, y éstos conocieron el país bajo la dominación de los persas, después de extinguidas las dinastías faraónicas.

Además, ninguno de ellos consiguió leer la escritura egipcia, y todo lo que dijeron fué por relatos orales, incurriendo en grandes errores que han llegado hasta nuestra época.

Un ejército de la República francesa, mandado por el joven general Bonaparte, conquistó á Egipto en 1798. Varios sabios agregados á dicha expedición trajeron á Europa descripciones y dibujos de las ruinas egipcias, pero ninguno pudo descifrar los jeroglíficos, palabra griega equivalente á «escritura sagrada». La escritura egipcia era un muro de misterio contra el cual venían chocando inútilmente las hipótesis de los hombres de estudio.

Fueron tres en realidad las escrituras creadas en diversas épocas, recibiendo los nombres de jeroglífica, hierática y demótica. La más antigua ó jeroglífica consistía en la representación de los objetos mismos que se deseaba mencionar, dibujando un hombre para escribir hombre, una silla por silla, lo que hizo de todo escrito una serie de pequeños dibujos. Más adelante, para dar mayor extensión y flexibilidad al lenguaje, las figuritas representaron letras. Un gavilán significaba E, un león L, etcétera, y algunos dibujos equivalían á palabras enteras. Así se formó la escritura llamada hierática. A partir de la XXI dinastía, las necesidades comerciales de los egipcios les obligaron á abandonar estas dos escrituras representadas por bestias, personas y objetos, é inventaron una tercera, de mayor sencillez para su contabilidad, formada con letras, que se tituló demótica, más fácil de escribir que la jeroglífica, y más abundante en dificultades para su lectura.

Cierto joven francés llamado Champollion se sintió repentinamente interesado por todo lo referente al Egipto misterioso, y estudiando, á los catorce años, en el Liceo de Grenoble, adquirió una gramática de la lengua copta, derivación del antiguo egipcio, que aún se hablaba en todo el valle del Nilo por ser el idioma de los cristianos. En 1807, antes de su salida del Liceo, este joven de diez y siete años escribió un trabajo histórico sobre Egipto, trasladándose luego á París para estudiar las piedras é imágenes depositadas en el Museo del Louvre por los sabios de la expedición de Bonaparte.

Un oficial de artillería de la mencionada expedición había encontrado en Rosetta, junto á la desembocadura occidental del Nilo, una piedra triangular conteniendo tres inscripciones: en griego, en lengua demótica y en lengua jeroglífica. Los sabios, valiéndose del griego, habían llegado á traducir la inscripción demótica, pero no pudieron entender una sola frase de la jeroglífica. Champollion se dedicó á descifrar la piedra de Rosetta en 1821, con la firme voluntad de no desistir de dicho trabajo hasta obtener completo éxito.

Primeramente estudió los nombres rodeados de un cartucho, por ser bien sabido que los que tenían por adorno tal emblema heráldico eran de reyes, y cuando los hubo desentrañado, le dieron todo el alfabeto jeroglífico. Además se convenció de que la lengua jeroglífica se parecía mucho á la copta, aprendida por él. Como les ocurre á todos los innovadores, algunos sabios viejos, representantes de la ciencia oficial, pusieron en duda los descubrimientos de Champollion. Éste hizo un viaje á Egipto, escribió una gramática jeroglífica, y extenuado por su inmenso trabajo mental murió á los cuarenta y un años de edad, en 1832.

Al conocer las reglas para la lectura de los jeroglíficos, muchos se consagraron al estudio de las antigüedades faraónicas, y gracias á Champollion nació la ciencia de la egiptología. La piedra de Rosetta fué la llave mágica que abrió una puerta inaccesible durante veinticinco siglos. Surgieron egiptólogos en varias naciones, yendo todos al valle del Nilo para desenterrar monumentos, explorar pirámides é hipogeos, ir descifrando una historia nueva en piedras y papiros. Hoy pueden leerse con exactitud los textos egipcios, y los niños de las escuelas conocen una historia de este pueblo más cierta que la que relataban los sabios hace menos de un siglo.

La egiptología, nacida en Francia, siguió recibiendo de ella sus hombres más importantes. Franceses han sido Saulcy, Rougé, Mariette y Maspero.

Tranquilo profesor en el Liceo de Boulogne, su ciudad natal, Mariette se sintió tentado por el misterio del Egipto en fuerza de contemplar una momia que existía en la biblioteca de dicho centro de enseñanza. Sus primeros estudios los hizo como Champollion, examinando las antigüedades egipcias del Louvre. Después consiguió que el gobierno de Francia le enviase á hacer excavaciones en Egipto.