Corrieron despavoridos hacia las puertas, luchando por quién escaparía el primero. Algunos rodaron escaleras abajo; á otros hubo que curarlos por haberse arrojado de cabeza á través de las vidrieras de los ventanales, cayendo en el jardín inmediato.
Esta fué la última victoria de Sesostris.
XXI
LA UNIVERSIDAD DE EL-AZHAR
Una esposa cristiana de Mahoma.—Jacobitas y bizantinos.—Los árabes se apoderan fácilmente de Egipto.—Fundación del Cairo, llamada Babilonia durante la Edad Media.—Saladino y los sarracenos.—Destrucción definitiva de Memfis.—Los egipcios modernos.—Falda corta, á la moda de Europa, y manto de harén.—Las intrincadas calles del Cairo árabe.—La Ciudadela.—La Universidad de El-Azhar.—Libertad absoluta de estudiantes y profesores.—Musulmanes de todos los países.—Pobreza de los escolares de El-Azhar.—Futuros agitadores del Islam.—Lecciones recitadas con balanceos.—Un guía fanático.—Ni biblioteca, ni libros.—Inesperada petición surgida de un corro de futuros teólogos.—Cólera y vergüenza de mi guía.
Cuando Mahoma venció á sus enemigos y todos los árabes reconocieron su autoridad, envió un mensaje á los gobernantes de los países inmediatos, que él titulaba «los reyes del mundo» por ignorar la existencia de otras naciones más apartadas, dándoles á escoger entre la guerra ó la aceptación de la fe musulmana.
Estas proposiciones, dignas de la simplicidad de un exaltado convencido de su misión sobrenatural, no obtuvieron respuesta. Sólo el prefecto indígena de Egipto, el moqauqis que gobernaba el valle del Nilo á nombre del emperador de Bizancio, le envió como presentes una mula, un asno y una mujer, María la Copta, cristiana egipcia que Mahoma hizo su esposa. Esto fué en 628. Diez años después, los musulmanes se apoderaban del Imperio de Persia y de toda la Siria, viendo en la conquista de Egipto el complemento de esta expansión periférica del pueblo árabe.
Egipto no era más que una provincia del Imperio bizantino. Su población, amalgama de razas, dejaba ver sobre tal mezcolanza étnica dos clases bien determinadas: la de los melkitas y la de los jacobitas. Los melkitas eran los gobernantes, los griegos llegados de Bizancio para explotar el país como funcionarios administrativos ó militares, como cobradores de impuestos y cultivadores en grande de las tierras del Nilo, mostrándose insolentes y sin entrañas con la masa popular. Además, todos ellos practicaban la religión ortodoxa-griega.
Los jacobitas, descendientes de los antiguos egipcios, eran los coptos, agricultores y artesanos, acostumbrados desde tiempos remotos á sufrir la tiranía de sus gobernantes. Se llamaban jacobitas porque su cristianismo era la herejía de los monofisitas, propagada en el valle del Nilo por Jacob Baradet, que murió obispo de Edessa en 578.
No era posible el acuerdo entre ambas poblaciones. A los antagonismos sociales y de raza se unían las intransigencias religiosas de los dos grupos, igualmente fanáticos, excomulgándose mutuamente y aprovechando los bizantinos todas las circunstancias favorables para aumentar la servidumbre de los coptos.
Esta situación supo aprovecharla uno de los caudillos de la expansión árabe, Amribn-El-As, invadiendo el territorio egipcio. El avance de los musulmanes hasta el Nilo fué un simple paseo. Las autoridades griegas y los colonos del mismo origen huyeron sin oponerles resistencia, y toda la población copta los recibió como libertadores. La antigua Memfis, llamada finalmente Menf, era la capital copta del Egipto, y los musulmanes entraron en ella sin ningún esfuerzo. Alejandría, capital griega, opuso una resistencia que duró catorce meses, pero al fin cayó también en poder de Amribn, el general del califa Omar, y según una tradición, este califa dió orden de que fuesen quemados todos los manuscritos existentes en su biblioteca. Pero ningún documento prueba la autenticidad de tal destrucción.