Al pasar nosotros junto al corro, el pilluelo vestido de blanco levanta la cabeza, me mira, sonríe descaradamente, y avanzando una mano grita: «Bacshis.»
¡Pedir bacshis en el patio de El-Azhar!... El oleaje ascendente de los infieles, la influencia desmoralizadora del viajero cristiano, entró ya en el corazón de esta escuela santamente tradicionalista é inmutable, ocupada en enseñar las mismas verdades que hace once siglos.
Ahora siento lástima y simpatía por el fanático que me acompaña. Ha dudado entre caer con la mano en alto sobre este pilluelo del Cairo, deshonroso para el Islam, ó fingir indiferencia, como si nada hubiese oído. Al fin opta por lo último, y sigue adelante, mostrándome cosas que ya he visto, tal es su turbación.
Balbucea; se nota que tiene el pensamiento muy lejos de las palabras que va profiriendo. Hace esfuerzos para ocultar su cólera y su vergüenza.
Y yo, mientras me finjo igualmente distraído, sufro con él.
XXII
FIN DEL VIAJE
Las fértiles tierras del delta.—Alejandría.—Monumentos desaparecidos.—Lo que fué Alejandría en la historia intelectual del mundo.—Judíos alejandrinos.—Explotación de momias egipcias en la Edad Media.—La carne de momia, medicamento europeo.—Fabricación de momias falsas.—El Mediterráneo.—Islas napolitanas que pertenecen á la historia española.—La cúpula de San Pedro.—Despertar frente á Monte-Carlo.—«¿He soñado mi excursión alrededor del mundo?»—Un equipaje que asombra y hace reir.—La plaza del Casino.—«¡Todo está igual!»—Curiosidad y preguntas.—Hago el resumen de lo que he visto en mi viaje.
Atravesamos el delta por su parte occidental, siguiendo la línea férrea entre El Cairo y Alejandría.
El lector sabe indudablemente que «delta» es una de las letras del alfabeto griego. Como está representada por un triángulo, los griegos dieron su nombre á las tierras de la desembocadura del Nilo que más allá del Cairo actual se abren en esta misma forma, un vértice en el interior y los otros dos frente al mar, formando una línea de doscientos kilómetros. Desde entonces todas las tierras de aluvión esparcidas en las desembocaduras de los ríos recibieron el nombre de la letra «delta».
Vemos desde la ventanilla del vagón la parte más fértil y rica de Egipto. Los campos no son aquí dos filas de tierras emergidas, tan angostas que pueden abarcarse con la vista: dos aceras de barro fecundo que flanquean la avenida navegable del Nilo. Ya no se ve el río nutridor con su homogénea corriente. Se partió en numerosos brazos, ríos secundarios, amplios canales navegables, que á su vez se subdividen en nuevas vías líquidas, como el ramaje de un árbol gigantesco va pasando de los brazos gruesos á las ramas secundarias y finalmente á las varillas que sustentan las hojas.