Y no hubo quien atacase á la serpiente del jardín. La cobra continuó paseándose por las avenidas, y hasta tomó confianza con los nuevos inquilinos de la casa, irguiéndose al pie de la escalinata, metiéndose en el piso inferior, habitado por la servidumbre.
Laguardia, aburrido de tanta familiaridad, disparó contra ella varios tiros de revólver. Los domésticos se sublevaron ante este acto impío, declarando que les era imposible seguir en una casa cuyo dueño pretendía dar muerte á seres amigos de los dioses.
Al fin tuvo que adoptar la única resolución posible: marcharse. Y con gran contento de sus servidores cobrizos, se volvió á la ciudad, renunciando á la casa veraniega.
Los indos consideraron lógica su retirada y equitativa la pérdida del dinero pagado por el arriendo. La verdadera dueña de la finca era la naja. Los demás seres instalados en ella, algo pasajero, indigno de respeto y obediencia.
VII
EL GRAN MOGOL
Camino de Delhi.—Su historia remotísima.—Ciento veintiséis kilómetros de ruinas históricas.—Las numerosas ciudades anteriores á Delhi.—El famoso Timur-Lank, «Cojo de hierro».—Enrique III de Castilla envía embajadas á Tamorlán.—Las dos odaliscas bautizadas.—Rui González de Clavijo y su viaje á Samarcanda.—Sus relatos sobre las particularidades de los «marfiles», vulgo elefantes.—El anillo de Tamorlán y las «metáforas» de Clavijo.—Los Grandes Mogoles herederos de Tamorlán.—El soberano más rico del mundo.—Los palacios portátiles del Gran Mogol y sus caravanas de elefantes y camellos cargados de riquezas.—El trono del Pavo Real y los otros siete tronos.—Montones de perlas, diamantes, esmeraldas y rubíes.—El famoso brillante «Gran Mogol».—Decadencia de Delhi.—Saqueo y degüellos ordenados por el conquistador persa.—Los Grandes Mogoles del siglo XIX pensionados por los ingleses.—Miseria de la corte de Delhi y supervivencia grotesca del antiguo fausto.—El último Gran Mogol cobrando en secreto sus aparentes munificencias.
Atravesamos una parte considerable de la India del Norte para visitar las ciudades más célebres del antiguo Imperio del Gran Mogol. Vamos á pasar seis días en un vagón, durmiendo sobre la flaca colchoneta que hemos comprado y sufriendo otras molestias especiales de los ferrocarriles indostánicos.
Primeramente iremos á Delhi, capital ahora de la India, cuya importancia gubernativa, de fecha reciente, no es más que una resurrección de sus antiguos tiempos Imperiales.
Delhi figura como la ciudad más antigua de la India, aunque su nombre actual sea relativamente moderno. Treinta siglos antes de nuestra era, en tiempos fabulosos, suenan ya los nombres de tres ciudades, Madhanti, Hastinapura é Indrapechta, que se suceden sobre la planicie ocupada ahora por Delhi. Los reyes de dichas ciudades son mencionados entre los héroes del Mahabarata, la gran epopeya indostánica. Diez ciudades nacen, se desarrollan y caen en escombros sobre el solar de Delhi, cuyo nombre sólo aparece medio siglo antes de Jesucristo.
En ningún lugar de la tierra pueden encontrarse juntos tantos monumentos ruinosos. La campiña de Roma, única ciudad de Europa que tiene cierta semejanza con Delhi, resulta exigua comparada con la llanura que rodea á esta metrópoli indostánica. Los restos de las ciudades anteriores á ella ocupan una superficie de 126 kilómetros cuadrados.