Durante siglos y siglos la roca fué roída, no dejándola más que el espesor preciso para murallas y tabiques, y finalmente se convirtió en un edificio como los que se levantan sobre cimientos. La montaña de Ellora, transformada de esta suerte por miles y miles de artistas pacientes, no tuvo al fin una pulgada de roca que no hubiese recibido la caricia del cincel, creándose infinitas muchedumbres de dioses y sirvientes celestiales. Hoy el templo es un monolito colosal, una montaña agujereada como una colmena, y todas las celdas guardan en sus paredes la tenaz labor de incontables generaciones, que, con el pensamiento puesto en sus dioses, los hicieron vivir de nuevo sobre la piedra.
Esta arquitectura subterránea fué tal vez un resultado de la vida llena de aventuras y peligros que una naturaleza cruelmente virgen y hostilmente exuberante hizo sufrir á los primeros pobladores de la India. Los grandes desbordamientos de los ríos, el miedo á las bandas de tigres y á las serpientes gigantescas, la necesidad de mantenerse en lugar seguro y nutridor para no arrostrar las torturas del hambre, obligaron á muchas tribus á vivir al pie de cordilleras casi verticales. Y para dar forma material á su misticismo religioso, perforaron la roca durante siglos y siglos, hasta que de santuario en santuario acabaron por salir á la luz, al otro lado del obstáculo, encontrando nuevas tierras, nuevos horizontes.
XI
AL PARTIR DE LA INDIA
Embarque en Bombay.—El error de Colón y los indios de América, que no son indios.—Los rajás, su decadencia y su lujo.—Una pieza de artillería, toda de oro.—Ansia de los indostánicos por las distinciones.—Sus innumerables castas.—La feroz hambre de la India.—Vegetarismo excesivo del indígena.—Los valerosos «sikhs» y el heroico rey de Lahore.—Volvemos á las comodidades occidentales.—El «Franconia» entra en el mar Rojo, que es intensamente azul.—Barcos de peregrinos á la Meca.—La lluvia invisible del mar Rojo y sus fosforescencias.
Estamos en la escalinata real del puerto de Bombay, esperando el vaporcito que ha de llevarnos al Franconia. Nuestro paquebote se halla á una distancia de dos millas. Lo vemos en el fondo de la extensa bahía con otros buques grandes, de su mismo calado.
Bombay debe su nombre, según la tradición, á los navegantes portugueses, que lo llamaron Bom-Bahía (Buena Bahía) por la amplitud de su pequeño mar, casi cerrado. Pero los buques de nuestra época calan más que los galeones del siglo XVI, y la «Buena Bahía» no ofrece bastante fondo en sus orillas para los trasatlánticos que llegan de Europa y América.
Una bruma rojiza flota sobre las aguas amarillentas. Es semejante al vaho ardoroso que extrae el calor de los desiertos de arena. Vemos venir hacia nosotros por este mar de color fangoso el vaporcito esperado. Sólo nos quedan unos minutos de permanencia sobre el suelo de la India, y durante la corta espera se aglomeran en nuestra memoria impresiones recientes y anteriores, como una síntesis de la tierra que vamos á perder de vista.
A semejanza del Japón y la China, el nombre de este país sólo fué conocido en tiempos relativamente modernos por los trescientos millones de seres que lo pueblan. La India no es más que una expresión geográfica. Los pueblos antiguos de Europa le dieron este nombre por el Indus ó Indo, río que le sirve de límite al Oeste y sólo baña una parte extrema de su suelo. El Ganges ó el Brahmaputra merecían más dicho honor, ya que sus aguas atraviesan el corazón del país.
Mientras los habitantes de la península indostánica ignoraban el nombre «India» dado á su tierra, exaltaba ésta durante varios siglos las imaginaciones en Europa. Sus soberanos eran el Preste Juan y otros personajes no menos fabulosos, poseedores de incalculables riquezas.
Colón, al navegar hacia Occidente con una concepción errónea del verdadero tamaño de nuestro planeta, creyó haber llegado á la India tantas veces como tocó en las islas y costas de América, y á causa de ello los indígenas americanos fueron llamados indios desde el primer momento, ó Indias Occidentales todas las tierras descubiertas por los conquistadores españoles.