Por un capricho de la Historia los indígenas americanos son ahora indios, y para evitar confusiones, á los nacidos en la verdadera India los llamamos unas veces indos y otras indostánicos, resultando lo último igualmente erróneo, pues el verdadero Indostán no es más que una parte de la mencionada península. Además, como los españoles llamaron á América Indias Occidentales, en plural, la India legítima se ha pluralizado igualmente en el lenguaje moderno, dándosela el título de Indias Orientales.
Ningún pueblo de Asia ofrece una mezcla tan extraordinaria de civilización avanzada y tradicionalismo milenario. Una parte considerable de la India está bajo el gobierno directo del virrey inglés. Hay en ella provincias, como la de Bengala, con una superficie mucho más grande que la de las Islas Británicas, y cuya población era hasta hace pocos años igual en número á la de los Estados Unidos. Este simple detalle basta para hacer ver la grandeza del mundo indostánico.
Otra parte de la India, la de los Estados indígenas, se halla regida en apariencia por las dinastías de sus antiguos príncipes, pero cada uno de ellos tiene á su lado un residente inglés, que le aconseja en todos los asuntos y procede como verdadero gobernante.
Los rajás ó príncipes soberanos se contentan con fingir una autoridad que no poseen y se consuelan de su decadencia llevando una vida suntuosa, gracias á las enormes rentas que les proporcionan sus dominios. Los más poderosos mantienen ejércitos particulares, cuyo número y calidad quedaron sometidos á la vigilancia de las autoridades inglesas luego de la sublevación de los cipayos, ó sea cuando la Compañía de las Indias dejó de gobernar y lord Canning organizó nuevamente el país como primer virrey.
Hacen los rajás de sus pequeños ejércitos un objeto de lujo y ostentación, que les sirve para alardear de inmensas riquezas. En uno de los principados me enseñaron un cañón de campaña todo de oro, con las ruedas del mismo metal, así como los arneses de los cuatro caballos que tiran de él. Inútil es decir que el tal cañón no ha disparado jamás proyectil alguno.
No todos los príncipes de la India son ricos y poderosos. Apresurémonos á añadir que en la península indostánica existen nada menos que 690 Estados indígenas, con sus correspondientes soberanos. Los hay que reinan sobre una superficie de más de 200.000 kilómetros cuadrados, con 12 millones de habitantes, mientras otros rajás poseen solamente una ó dos aldeas y no llegan á reunir mil súbditos.
Todos estos reyezuelos han olvidado la altivez y la independencia de sus antiguas familias, viviendo sometidos al virrey. Además, el gobierno británico los hace educar en Londres cuando son príncipes herederos, para que se amolden á las ideas y costumbres británicas.
Hoy, los más de ellos se preocupan únicamente de obtener nuevos honores que les coloquen por encima de los príncipes vecinos.
Una de las mayores distinciones de los rajás consiste en el número de cañonazos que les corresponde de derecho cuando reciben salvas en las ceremonias públicas ó en sus visitas al virrey. Recientemente, los grandes príncipes indígenas que ayudaron á la Gran Bretaña en la última guerra, enviando á Europa los batallones de sus ejércitos particulares, han sido agraciados con dos ó tres cañonazos más que pueden añadir á sus salvas honoríficas.
Este afán de alcanzar distinciones superiores á las del vecino caracteriza á todos los indostánicos, desde el rajá hasta el paria, y su consecuencia es la división en castas, tan antigua como la historia de la India.