Va aumentando la evaporación según avanza la noche, y moja las cubiertas lo mismo que una lluvia. La vasta plaza triangular de la proa brilla como un espejo; toldos y tabiques barnizados chorrean bajo el aguacero invisible.
Brillan las luces eléctricas envueltas en un halo de humedad, mientras encima de la chimenea y los mástiles parpadean los astros en un cielo ardoroso de verano.
Mañana estaremos entre la Arabia Pétrea y la costa del Sudán. Mañana pisaré el suelo de África.
XII
EL PAÍS DE LOS AROMAS
Las «tierras celestiales».—El «triángulo» de la protohistoria.—Civilización de los remotos hymiaritas ó sabeos.—Balkis ó Makeda, la reina de Saba.—Cómo su hijo robó las Tablas de la Ley, llevándolas de Jerusalén á la capital de Abisinia.—Las leyendas del País de los Aromas.—Port Sudán.—Los vendedores de marfil.—«Vaya usted á Kartum.»—Las calles de Port Sudán.—El ferrocarril del desierto.—Las primeras gacelas.—Aldeas sudanesas.—La biografía escrita en el rostro á cuchilladas.—Kartum la misteriosa.
Vamos á desembarcar en Port Sudán, y contemplo por última vez las costas que venimos siguiendo en los dos últimos días, desde que atravesamos el estrecho de Bab-el-Mandeb pasando junto á la isla de Perim, portería fortificada del mar Rojo.
Estas riberas del lado de Asia y de África pertenecieron al famoso País de los Aromas, tan admirado hace cincuenta siglos. Los egipcios le dieron también el título de «tierras celestiales» por sus ricos productos, y en otras ocasiones los navegantes faraónicos lo llamaron el Punt.
Las «tierras celestiales» son hoy costas ardorosas de piedra y arena, completamente áridas, con extensos bancos de coral, pero sin duda en una remota antigüedad fueron mejores sus condiciones climatéricas. Aparte de esto, las costas bajas, de asfixiante temperatura, sólo sirvieron para el embarque y desembarque de los navegantes que mantenían la comunicación entre las poblaciones de los dos macizos montañosos del mar Rojo: el de África, ó sea la actual Abisinia con parte del Sudán, y el de Asia, poblado por los hymiaritas ó sabeos en el Yemen ó Arabia Feliz.
La ciencia histórica sabe poco del pasado de estos países, guiándose por conjeturas más que por realidades, pero no es aventurado creer que presenciaron una civilización floreciente, anterior á todas las europeas y tal vez á la misma egipcia, que algunos tienen por la más antigua de las conocidas.
Varios autores afirman que un centro activo de civilización se formó remotamente en la entrada del mar Rojo, sobre los grupos montañosos que se alzan en sus dos costas. Según ellos, los tiempos más antiguos de la historia humana pueden simbolizarse por medio de un triángulo ideal, cuyos puntos paralelos corresponden á Babilonia y Egipto, ocupando el ángulo inferior lo que hoy se llama Arabia Feliz.