Esta profesión de fe la elevaba como un muro infranqueable, golpeándose al mismo tiempo el pecho para demostrar la dureza del obstáculo.

Ulises sintió tentaciones de reír, lo mismo que hacía siempre ante las afirmaciones políticas de Tòni. Pero la situación no era para burlas, y siguió hablando con el deseo de convencerle.

¡El amaba la libertad y se ponía del lado del despotismo!... Inglaterra era la gran tirana de los mares: había provocado la guerra para reforzar su poderío, y si alcanzaba la victoria, su soberbia no tendría límites. La pobre Alemania no hacía mas que defenderse... Repitió Ferragut todo lo que había escuchado en casa de la doctora, para terminar con tono de reproche:

—¿Y tú estás al lado de los ingleses, Tòni? ¿Tú, un hombre de ideas avanzadas?...

Se rascó la barba el piloto con una expresión de perplejidad, rebuscando las palabras fugitivas. No ignoraba lo que debía responder. Lo había leído en escritos de señores que sabían tanto como su capitán. Además, había reflexionado mucho sobre esto en sus solitarios paseos sobre el puente.

—Yo estoy donde debo estar. Estoy con Francia...

Torpemente, con balbuceos y palabras incompletas, expuso su pensamiento. Francia era el país de la gran Revolución, y él la consideraba por esto como algo que le pertenecía, uniendo su suerte á la de su propia persona.

—Y no necesito decir más. En cuanto á Inglaterra...

Aquí hizo una pausa, como el que descansa y toma fuerzas para dar un salto penoso.

—Siempre habrá una nación—continuó—que esté encima de las otras... Nosotros apenas somos algo en el presente, y según he leído, España pesó sobre el mundo entero durante siglo y medio. Estábamos en todas partes: nos encontraban hasta en la sopa. Después le llegó el turno á Francia. Ahora es Inglaterra... A mí no me molesta que un pueblo se coloque sobre los demás. Lo que me interesa es lo que representa ese pueblo: la moda que va á imponer al mundo.