—¡Ah!...
Se apagó la luz arrogante de sus pupilas. Luego bajó los ojos, y poco después la cabeza.
La muchedumbre vociferante lo fué empujando y se lo llevó, sin que nadie se acordase del hombre que había dado la alarma é iniciado la persecución.
Aquella misma tarde el Mare nostrum salió de Marsella.
X
EN BARCELONA
Cuatro meses después, el capitán Ferragut estaba en Barcelona.
Había hecho durante este tiempo tres viajes á Salónica, y en el segundo tuvo que comparecer ante un capitán de navío del ejército de Oriente. El marino francés estaba enterado de sus expediciones anteriores para el avituallamiento de las tropas aliadas; conocía su nombre, y le miró como un juez que se interesa por el acusado. Había recibido de Marsella un largo telegrama referente á Ferragut. Un espía sometido á la justicia militar le acusaba de haber trabajado en el aprovisionamiento de los submarinos alemanes.
—¿Qué hay de eso, capitán?...