Y de ofendido cobarde.

Y aunque mi queja ya es tarde,

Y razon me la defiende,

Más en mi daño se enciende:

Que voy contra quien me agravia,

Como el perro, que con rábia

Á su propio dueño ofende.

Ya esta suerte, que empeora,

Se vió tan en las estrellas,

Que formó de mí querellas,