DESCANSO
VII.

P

Parece, dijo el hidalgo, que nos habemos apartado de mi principal intento, que es la crianza y doctrina de mis hijos, en que consiste salir industriados en virtud, valor, estimacion y cortesía, que son cosas que han de resplandecer en los hombres nobles y principales. Acerca de la materia de criar los hijos, hay tantas cosas que advertir, y tantas que observar, que aun de los propios padres que los engendraron, no se puede muchas veces confirmar la doctrina que ellos han menester; porque las costumbres corrompidas ó mal arraigadas en el principio de los padres, destruyen los sucesores de las casas nobles y ordinarias. Si los antecesores saben los hijos que fueron cazadores, los hijos quieren serlo; si fueron valientes, hacen lo mismo; si se dejaron llevar de algun vicio que los hijos lo sepan, siguen el mismo camino; y para corregir y enmendar vicios heredados de sus mayores, casi es menester, y aun necesario, que no conozcan á los padres, que seria lo más acertado sepultar las memorias de algunos linages, que por ellos se van imitando lo que oyeron decir de sus mayores, que más valiera que no lo oyeran para que no lo imitaran. Y de aquí nace que suban unos en virtud y merecimientos, no habiendo á quien imitar en su linage por la educacion valerosa que se imprimió en los verdes años, y otros bajen al mismo centro de la flaqueza y miseria humana, degenerando de la virtud heredada, ó por la imitacion adulterada de los ascendientes, ó por la depravada doctrina, impresa y sembrada en los tiernos años, que es tan poderosa, que de una yerba tan humilde como la achicoria, se viene por la crianza á hacer una hortaliza tan escelente como la escarola, y de un ciprés tan eminente y alto, por sembrarlo ó plantarlo en una maceta ó tiesto, se hace un arbolito enano y miserable, por no haberlo ayudado con buena educacion.

Si á los animales de su naturaleza bravos, nacidos en incultos montes y breñas, como son javalíes, lobos y otros semejantes, los crian y regalan entre gentes, vienen á ser mansos y comunicables; y si á los domésticos los dejan con libertad irse á los montes y criarse sin ver gente, vienen á ser tan feroces como las mismas naturales fieras. En tiempo del potentísimo Rey Felipe III anduvo una loba en los patios de los Consejos, y jugaban los pajes con ella; y si le hacian mal, se amparaba con llegarse á las piernas de un hombre. Yo la ví echarse á los piés de las criaturas, y porque no la tuviesen miedo, se arrojaba á sus piés. Y en tiempo del prudentísimo Felipe II en Gibraltar, se fué un lechon al monte, que está sobre la ciudad, y vino á ser tan fiero dentro de cuatro ó cinco años que anduvo libre en el monte, que á cuantos perros le echaban para matarle los destripaba: que es tan poderosa crianza que hace de lo malo bueno, y de lo bueno mejor: de lo inculto y montaraz, urbano y manso; y por el contrario, de lo tratable y sujeto, intratable y feroz. Bien sé, dijo el hidalgo, que es importantísimo el cuidado de criar bien los hijos, porque de ahí viene la vida y honra suya, y la quietud y descanso de sus padres, que como han de conservar en ellos su mismo sér y especie, al paso que los aman, desean su proceder y término, y la imitacion de sus progenitores. Sabemos que dijo aquel Rey de Macedonia, que tenia por tan gran merced del cielo haber nacido su hijo en tiempo de Aristóteles, para que fuese su maestro, como tener quien le sucediese en el Reino. De tal suerte, dije yo, han de ser los maestros ó ayos, que con la aprobacion de su vida y costumbres enseñen más que con los preceptos morales, llenos de supérflua vanidad; que muchas veces enseña más el maestro por acreditarse á sí, y por mostrar jactancia, que por mostrar virtud, y fundamentar el discípulo en valor, bondad y humildad: la doctrina llena de este deseo santo á acertar el camino de la verdad, al buen natural perfecciona, y á la mala inclinacion corrige. Al hijo del caballero hánsele de enseñar con las letras juntamente virtudes, que refieran aquellas del orígen que trae la antigüedad de sus pasados, humildad con valor, y estimacion sin desvanecimiento, cortesía con el superior, amistad con el igual, llaneza y bondad con el inferior, grandeza de ánimo para las cosas árduas y difíciles de cometer, desprecio voluntario de las que no pueden aumentar sus merecimientos. La zorra un tiempo puso escuela de enseñar á cazar, y como el lobo se hallaba viejo, y sin presas, rogóle que le enseñase un hijo, que le parecia que habia de ser valeroso para mantenerlo á él y á su madre en su vejez; la zorra hallando en que vengarse de los agravios que el lobo le habia hecho, con mucha presteza y buen gusto recibió el pupilo. Lo primero que hizo, fué apartarle de sus atrevidas inclinaciones, que eran de acometer á reses grandes, y enseñarle las raposerías que ella solia usar por su natural instinto; y dióse tan buena maña, que en menos de un año el lobillo salió grandísimo cazador de gallinas. Envióselo al padre por muy hábil y diestro en el oficio: holgóse el padre y la madre pensando que tenian un hijo que habia de asolar la campiña de ganado. Enviáronle á buscar la vida para matar la hambre que habian padecido; y habiendo tardado dia y medio volvió con una gallina, y muchos mordiscones y palos que le habian dado. Viendo el lobo la mala doctrina que habia aprendido, dijo: Al fin nadie puede enseñar lo que no sabe. Dejéme engañar de la zorra, por no trabajar con mi hijo, porque la poltronería hace buen rostro á la mentira, y háme salido á los ojos, lo que no miré con los de la consideracion. Hijo, andad acá, y mostrándole unas ternerillas cerca de un cortijo, le dijo: Aquella es la caza que habeis de aprender y cazar. Apenas acabó de mostrárselas, cuando inconsideradamente cerró con ellas, porque las madres, que ya los habian olido, en un momento pusieron los hijos en medio, y todas puestas en muela, hicieron trincheras de sus cuernos, y el pobre lobillo, que pensó llevar presa, quedó preso, porque le recibieron con las picas ó picos de su herramienta, y lo echaron tan alto, que cuando cayó, no fué para levantarse más: el padre que con su ancianidad no pudo vengar la muerte de su hijo, se volvió á su guarida, diciendo: La mala doctrina no tiene medicina: costumbres de mal maestro sacan hijo siniestro. De aquí quedaron los ódios para siempre confirmados entre la zorra y el lobo; y así ella no va á buscar la vida sino adonde el lobo no se atreve, que es á las poblaciones, porque allí no pueden encontrarse. Mucho gustára, dijo el hidalgo, ya que habeis traido tan á propósito el cuento, que alargásemos un poco más la materia, para que averigüemos cómo se podria elegir el maestro, que ha de ser el guion del cuerpo y alma del hijo ajeno, que ha de criar con más cuidado que si fuera suyo, y enseñarle para conseguir el verdadero camino, que le guie á la perfeccion de caballero cristiano, que de caballero solamente ya tenemos entendido el modo que todos siguen. Este modo de caballero, dije yo, está muy cargado de obligaciones, por la significacion que trae consigo, de que podrá ser tratar despues, si el tiempo nos diere lugar; porque ni la materia quiere brevedad, ni yo tengo espacio para ser largo; y alargando la que tenemos comenzada, digo, que la primera y principal parte que ha de tener el que ha de ser maestro de algun Príncipe, ó gran caballero, es que tenga experiencia, con madurez de edad, que por lo menos tenga los aceros de la juventud gastados: edad en que con dificultad puede ser sabio y prudente un hombre, por faltar el tiempo que nos hace previstos y recatados. Mas si fuere mozo, sea tal, que le alaben los viejos experimentados en ciencia y bondad, aunque la mocedad es tan sujeta á variedades, impaciencias, furores y otros inconvenientes arrebatados, que si no es con mucho valor y entereza de virtud experimentada y conocida, tendria por mejor elegir para maestro un viejo cansado del mundo, y con buena opinion, que á un mozo que va entrando en él, y con buenas esperanzas, que al fin se tiene la seguridad que basta, y de este la confianza que puede mudarse. Ha de ser el maestro lleno de mansedumbre, con gravedad, para que juntamente le amen y estimen, y haga el mismo efecto en el discípulo, no perdiéndole un punto de su vista: si no fuere los ratos diputados para el gusto de sus padres, ó cuando el niño le tuviere con sus iguales: y en el entretenimiento se halle presente el maestro, alentándole y mostrándole el modo con que se ha de haber en el pasatiempo, no haciendo lo que yo ví hacer á un pedante, maestro de un gran caballero, niño de muy gallardo entendimiento, hijo de un gran Príncipe, que habiendo concertado con otros sus iguales en edad y calidad un juego de gallos, dia de carnestolendas, salió tambien el bárbaro pedante con su capisayo ó armas de guadamacil sobre la sotana, con más barbas que Esculapio, diciendo á los niños: Destrorsum heus sinistrorsum, y desenvainando su alfange de aro de cedazo, descolorido todo el rostro, iba con tanta furia contra el gallo, como si fuera contra Morato Arraez, diciendo á grandes voces: Non te peto, piscem peto, cur me fugis, galle? de la cual pedantería él quedó muy ufano y contento, y los que le oyeron llenos de risa y burla. Yo me llegué, y le dije: Mire, señor Licenciado, que por tener poca memoria los gallos se les olvida el latin. Él respondió muy de presto: Numquam dicerunt, nisi rocantes excitare. Este con mil impertinentes bachillerías, llenas de ignorancias gramaticales, dejó al caballero estragado su buen natural: diéronle otro maestro cuerdo, poco ó nada hablador, modesto y de buena compostura, y en pocos dias enmendó los borrones que el otro le habia enseñado, y con muchas reglas mal sabidas, y peor enseñadas, y á veces repetidas le habia estragado, y este otro con pocas y muy calladas lo reparó. Parecieron á dos hermanos, el uno muy colérico, y el otro muy reposado y lleno de santimonia, que ganaban la vida con un pollino: el colérico le daba mil voces y palos, y el jumento no por eso hacia más movimiento que antes. El reposado no le decia más que: Arre, válgate Jesus, y hincábale un aguijon de un geme por las ancas, con que le hacia volar. La modestia del maestro, y las otras partes buenas, se imprimen, y son como espejo en que se mira el discípulo, y la imprudencia y poco valor es causa de menosprecio para con el maestro, y de incapaz para con los demás: y así, lo que habia de ser doctrina viene á ser pasatiempo, y si se pasa no puede cobrarle, y en este poco se le puede enseñar con brevedad la lengua latina, sin cargarle de preceptos que los mismos maestros, ó no los saben, ó los han olvidado, de suerte, que en sabiendo declinar y conjugar, les lean libros importantes, así para la lengua latina, como para las costumbres, y todo lo demás tengo por tiempo mal gastado; porque las diferencias ó propiedades de nombres y verbos se pueden declarar en los libros que se fueren leyendo, sin hacer lo que los cirujanos, que detienen la cura porque dura la ganancia: que en esto realmente son culpados los maestros de lenguas que se aprenden por las reglas, porque faltaron los que las hablan: porque las ordinarias fácilmente se aprenden con oirlas á los que las hablan, y los que las aprenden para saberlas y no para enseñarlas, con que entiendan el libro que les leyeren, sabrán más que sus maestros: y volviendo al ejemplo de la zorra, sea el maestro de buen nacimiento ó crianza, templado, vergonzoso, verdadero, secreto, humilde, con valor, callado, no lisonjero, ni hablador, que como dicho tengo, enseñe más con la vida y costumbres que con las palabras, ó á lo menos que se parezca lo uno á lo otro, para que no le abata al discípulo los pensamientos bien heredados á presas mal arraigadas, por la ignorante doctrina, que la virtud ha de crecer con el discípulo, de manera, que con enseñarle modestia, no le enseñan encogimiento que le desjarrete el valor del ánimo con que nació. La educacion de los caballeros ha de ser como la de los halcones, que el halcon que se cria encerrado no sale con aquella fineza y aliento con que sale el que se cria donde le dé el aire, como le criaban sus padres. Háse de criar el halcon en lugar alto, en donde gozando de la pureza del aire, pueda ver las aves, á quien despues se ha de abatir. El que se cria encerrado, fuera de ser más tardío en el oficio para que le crian, no sale con aquel corage y determinacion que el otro que se crió al aire. Así el caballero que se ha de criar para imitar la grandeza de sus progenitores (aunque se crie lleno de virtud y modestia), aquel recogimiento no ha de ser encogimiento de ánimo, sino, como arriba dije, ha de tener valor con humildad; estimacion sin desvanecimiento; cortesía y circunspeccion en todos sus actos; de suerte, que no le falte cosa para cabal señor; que eso quiere decir caballero, compuesto de esta voz, cabal y hero, que en latin quiere decir, señor. Así, que caballero es cabal hero, ó cabal señor, que no le falta cosa para serlo, y digan otros lo que quisieren, que la filosofía cristiana nos da lugar y licencia para dar sentido que tenga olor de virtud. Mucha satisfaccion y gusto, dijo el hidalgo, he recibido con el buen discurso que habeis hecho: satisfaccion en la doctrina, que realmente va encaminada á la verdad cristiana, y gusto de las ignorancias de aquel pedante. Mas cuanto á la derivacion de caballero, es muy sabido que se dice de caballo, porque sustentan caballo, y andan á caballo, y pelean á caballo. Si por esa razon fuera, dije yo, tambien se llamara caballero el playero ó arriero que trae caballos de la mar, y tambien se dice el que va en un jumento ó acémila, que va caballero, que realmente no es caballo, y parece que en esa opinion es impropio. Tambien, dijo el hidalgo, llamaron eques al caballero, de esta palabra equus, que quiere decir caballo. Tampoco, dije yo, concedo lo uno como lo otro; porque los Romanos siempre dieron los nombres á las cosas, que significasen la misma obra para que las criaban. Como á los cónsules les dieron este nombre de Cónsulo, que quiere decir aconsejar, y mirar por el bien de la República. Y así al caballero, no creo que le dieron el nombre de eques por caballo, sino de aequus, aequua, aequum, por cosa igual, cabal y justa, como tiene obligacion de serlo quien ha de ser cabeza y modelo de las costumbres que han de imitar los miembros inferiores de la República, aunque realmente se van deslizando algunos de sus obligaciones, quizá entendiendo que el caballero quiere decir alcabalero de los mercaderes, sacándolo de su propia significacion, y de la entereza y firmeza que ha de guardar en todas sus acciones, que por eso al baluarte le llaman caballero, porque ha de estar siempre firme, é inmutable á la fuerza de los contrarios, y al ímpetu de la artillería, como el caballero lo ha de estar á resistir las injusticias y agravios que se hacen á los inferiores y oprimidos, y haciendo al contrario van contra su calidad, y contra las obligaciones que heredaron de sus pasados.