Cansado de la vida militar, puesta la vista en el porvenir y viéndose en el promedio de la vida sin puerto de salvacion para la vejez, trató de regresar á España, mas no sin visitar á Pavía, Turin, Venecia y otras ciudades italianas de gran fama. D. Hernando de Toledo, el tio, le tomó luego muy alegremente en Saona en sus galeras hasta desembarcarle en Barcelona. Pasó á Madrid, donde muchos le conocieron en 1584 y á poco tomó la resolucion de volver á Andalucía, decidido ya á echar la llave al ardor juvenil y á recogerse al amparo de aquella carrera en la que todavía le brindaba algun descanso la próvida fundacion de 1572.
VI.
Todos los actos eficaces de la vida del hombre y del poeta comienzan desde esta época. De sus mal perjeñados apuntes y papeles, y del rico arsenal de su memoria, procuró entresacar aquellas obrillas líricas de la juventud, que formaban el bello ramillete del ingenio y del corazon en la risueña edad de sus alegres mocedades. Enviándolas á la censura de D. Alonso de Ercilla, que confesaba ser de los mejores versos líricos que él habia visto[17], desde la primera página declaró Espinel el objeto que se proponia al intentar publicarlos, con aquel bello soneto, que le sirvió de introduccion y es sin duda uno de los mejores que hay escritos en castellano.
Dice así:
Estas son las reliquias, fuego y hielo,
Con que lloré y canté mi pena y gloria,
Que pudieran ¡oh España! la memoria
Levantar de tus hechos hasta el cielo.
Llevóme un juvenil, furioso vuelo
Por una senda de mi mal notoria,