Dios derramaba allí todas las riquezas que podían ambicionar los hombres, y los metales y las perlas, y cuanto era capaz de cautivar el corazón ó los sentidos, todo se encontraba allí en fabulosa abundancia.
El Virrey Mendoza quiso ponerse de acuerdo y contar con el auxilio del gobernador y capitán general de Guatemala, y el gobernador vino, por tierra, á conferenciar con el Virrey, y envió á las costas de Nueva Galicia una escuadra compuesta de doce naves.
El capitán general y gobernador de Guatemala, que tan poderoso se mostraba, y que disponía tan fácilmente como un rey, de un ejército y de una escuadra, era el pobre aventurero de la isla de Cuba, el capitán de la escuadrilla de Juan de Grijalva, era Tonatiuh, era D. Pedro de Alvarado, caballero del hábito de Santiago y gobernador y capitán general de Guatemala.
No más que entonces Alvarado estaba cojo, de resultas de un flechazo que había recibido en Soconusco.
Don Antonio de Mendoza y Alvarado conferenciaron, según dicen algunos autores, en d pueblo de Maravatío, y de allí partió Alvarado para la costa, con objeto de embarcarse y emprender su expedición.
Eran ya los momentos en que la tropa iba á embarcarse, cuando un correo llegó precipitadamente y se presentó á Pedro de Alvarado.
Las noticias que traía no podían ser peores.
Los naturales de Nueva Galicia se habían sublevado, los españoles habían sido derrotados en el Mixton, y la ciudad de Guadalajara estaba en grande aprieto, y el gobernador Cristóbal de Oñate imploraba el auxilio de Alvarado.
Pedro de Alvarado no vaciló ni un instante, suspendióse el embarque, la tropa se puso en marcha, y pocos días después el gobernador de Nueva Galicia y el de Guatemala se encontraban en Tonalán.
Pero los dos gobernadores pensaban acerca del éxito de la campaña, de distinta manera.