Capitán unas veces, soldado otras, allí donde más se empeñaba la pelea se encontraba siempre Pedro de Alvarado, siguiendo á los más audaces cuando le tomaban por una casualidad la vanguardia, ó conduciéndolos al peligro si así le presentaban lugar de hacerlo las peripecias del combate.

Alvarado era más un proyectil que un hombre, se abría paso entre las compactas masas del enemigo, y dejaba tras de sí como una estela de sangre y de esterminio.

Sin embargo, ese mismo ardor, esa impetuosidad no refrenada de sus pasiones, le arrastró algunas veces á la imprudencia y á la tiranía, como sucedió en la Isla de Cozumel, en donde aterrorizó á los habitantes, y como aconteció después en México; pero Cortés, que era entre aquellos hombres de corazón de acero, como el sol en medio de sus planetas, refrenó los violentos ímpetus del osado capitán.

Los naturales del país llamaron á Pedro de Alvarado desde los primeros días, Tonatiuh (sol), y el nombre de Tonatiuh se hizo célebre, y fué durante mucho tiempo el terror de aquellas comarcas.

Tonatiuh siguió á Hernán Cortés á la capital del imperio de Moctezuma, y ya hemos referido como ayudó á la prisión del infeliz Emperador y la horrible matanza que en el mes «Texcatl» de los mexicanos (mayo de 1520) hizo Alvarado en el atrio del templo mayor.

En la célebre Noche Triste, Alvarado sostenía la retaguardia del ejército español, y á tal peligro se vió expuesto, que dió su nombre á una de las calles principales de esta ciudad.

Cortés volvió á sitiar á México, y como siempre, Tonatiuh fué el más esforzado de sus capitanes, distinguiéndose sobre todo en el asalto del gran «Teocalli» de Tlaltelolco.

IV
El Gobernador

El Virrey de México D. Antonio de Mendoza ambicionaba descubrir y conquistar nuevas tierras en las costas del Océano Pacífico.

Las fantásticas relaciones de Fray Marcos de Niza hacían aparecer aquellas comarcas como un paraíso, en el que una tierra, maravillosamente feraz, ocultaba en sus entrañas ríos de plata, y en que los arroyos llevaban arenas de oro.