La noticia del suceso llegó á la Audiencia, y los oidores, temerosos de que otra vez fuese más afortunado en su tentativa, determinaron practicar cuanto antes las diligencias del tormento.

¿Para qué describir lo que pasó en aquella bárbara ejecución? Los tormentos de la justicia ordinaria eran los mismos que usaba el santo Tribunal de la Inquisición, y sobre poco más ó menos igual el modo de aplicarlos, y semejantes las fórmulas del interrogatorio y de las moniciones.

Los lectores del Libro Rojo conocen ya demasiado estas bárbaras prácticas, que por fortuna de la humanidad han pasado ya para siempre.

Benavides sufría el tormento con una energía y presencia de ánimo que no se desmentía ni por un solo instante, y nada supieron los oidores de nuevo, y el dolor no arrancó al Tapado la confesión más insignificante.

Y sin embargo, espantoso debió haber sido el sufrimiento de aquel hombre, porque si la fortaleza de su alma venció al dolor, su cuerpo no pudo resistir tan duro tratamiento: nada confesó; pero al día siguiente todo México sabía que iban á sacramentar al Tapado que estaba moribundo á consecuencia del martirio que le habían hecho sufrir los señores de la Sala del Crimen.

El Virrey nada decía de todo esto, parecía haberse olvidado completamente de D. Antonio de Benavides, y se ocupaba sólo de los festejos que debían hacerse con motivo del bautismo de un hijo suyo que había nacido cinco ó seis días antes del en que dieron tormento al Tapado.

VI.

«Miércoles 14 de julio de 1683», dice el Lic. D. Antonio de Robles en su diario, de donde hemos tomado estos datos, «día de San Buenaventura fué el bautismo del hijo del Virrey, á las once y media; lleváronle en silla de manos la aya: bautizóle el señor arzobispo en la pila de San Felipe de Jesús; pusiéronle José María Francisco omnium Sanctorum; asistió la real Audiencia en la catedral, en la nave del altar del Perdón, y todas las religiones; marcharon todas las compañías é hicieron salvas generales; túvole de padrino Fray Juan de la Concepción, donado de San Francisco que S. E. trajo de España; acabóse la función á la una; en la marcha anduvo el conde de Santiago, de maestre de campo, á caballo.

«En la noche se quemaron delante de palacio doce invenciones de fuego grandes; hubo mucho concurso.

«Cenaron en palacio esta noche los tribunales de Audiencia.»