—Sí—contestó sordamente Rodrigo.
—Júranos amistad, y Peralmindes de Chirino y yo te pondremos libre y te vengaremos de tus enemigos.
—Os juro leal amistad por la hostia consagrada.....
Al día siguiente Rodrigo de Paz concurría al cabildo.
Estrada, Zuazo y Albornoz conocieron la intriga que tramaban Salazar y Chirino, y no eran hombres para callar sus rencores.
Estalló un disgusto terrible en el cabildo, y Salazar, que tenía para sí que aun no llegaba el momento de obrar, apeló al engaño y la hipocresía.
Nada le importaba, dijo, la amistad de Rodrigo de Paz, cuyo pernicioso influjo era necesario combatir, y para esto debían ellos de unirse estrechamente, y como señal de unión y para acallar los rumores que había en el público, concluyó proponiendo que todos los tenientes gobernadores comulgasen públicamente, dividiendo la hostia consagrada en cinco partes.
Aceptaron los otros, y aquel pacto, aconsejado por la más negra falsía y cubierto sacrílegamente con el manto de la religión, se cumplió en la iglesia del convento de San Francisco.
Tan engañosa amistad debía desaparecer muy pronto, y así fué en efecto.
El día 19 de abril, Rodrigo de Paz se presentó en el cabildo é hizo reconocer á sus nuevos amigos Salazar y Chirino, como gobernadores, con entera exclusión de todos los demás.