En vano protestó con energía el Lic. Zuazo; repitióse el acuerdo y se impusieron doscientos azotes de pena y perdimiento de bienes á cualquiera que se atreviese á oponerse á lo dispuesto.
Estrada y Albornoz, lejos de conformarse, pensaron excitar al pueblo, suscitáronse graves dificultades, los dos bandos estuvieron á punto de llegar á las manos, y sólo se impidió el conflicto porque el alcalde Francisco Dávila prohibió que se acudiese con armas en pro de uno ú otro partido.
Conducta tan prudente costó al alcalde ser maltratado y verse conducido á la cárcel, de donde tuvo que huir para salvar la vida.
IV
De lo que hicieron Salazar y Chirino con
Zuazo, Estrada, Albornoz y Paz
Las alarmas en la ciudad eran de todo el día, y de todos los días; á cada momento querian llegar á las manos los partidarios, y el fuego de la discordia se encendía más y más á cada momento.
El 23 de mayo, con pretexto de conservar la tranquilidad y evitar desgracias, pero más bien con objeto de expeditar el camino que se habían trazado los gobernadores, ordenaron que nadie en la ciudad llevase armas.
Todo parecía haber terminado; pero aquel mismo día Rodrigo de Paz aprehendió al Lic. Zuazo, que vivía en la casa de Cortés, y se dió orden para enviarle inmediatamente á la Isla de Cuba.
Alarmóse la gente de la ciudad con esta prisión, y Rodrigo de Paz ocurrió, para calmarla, al engaño de que por orden del Rey iba á la Isla á dar allí su residencia.
Estrada y Albornoz pensaron entonces en alejarse de sus enemigos, y aparentando obediencia pidieron á los que habían sido sus colegas, licencia para ir hasta Medellín á conducir una cantidad que enviaban á S. M.
Los gobernadores concedieron sin dificultad aquel permiso.