Salieron Estrada y Albornoz, pero aun iban cerca de México, cuando Salazar tuvo noticia de que de las Hibueras venían Gil González de Avila y Francisco de las Casas, y temeroso de que se unieran y volvieran sobre México, hizo salir á Chirino con una tropa, en persecución de Estrada y Albornoz.

Chirino alcanzó á los que habían sido sus colegas, y aunque ellos pretendieron resistirse, unos frailes de San Francisco, que se encontraron allí, impidieron el conflicto, y Chirino volvió á México con los prisioneros.

Dueños absolutos del gobierno Salazar y Chirino, sintieron la necesidad de deshacerse de Rodrigo de Paz, echando por tierra su poder.

Salazar era fecundo en todo género de maldades, y no podía menos de encontrar un modo para atacar á Paz, y fué sin duda tan ingenioso como los anteriores.

Difundió la noticia de la muerte de Hernán Cortés.

Aquella noticia debía estar apoyada en todas las apariencias. Celebráronse solemnes honras por el alma del conquistador, en las que se predicó un sermón, moderando las alabanzas á Cortés por no ofender á Salazar.

Procedióse á la venta de los bienes de todos los que habían acompañado al gobernador y capitán general, por considerárseles difuntos, y sus mujeres fueron autorizadas para pasar á segundas nupcias; y Juana Mancilla, mujer de Juan Valiente, fué azotada porque afirmó que Cortés vivía.

Rodrigo de Paz administraba los bienes de Cortés, y no creyó tan fácilmente la noticia, pero como Salazar y Chirino sostenían que Cortés debía al Rey setenta mil pesos, é insistían, con objeto de asegurarlos, en tomar posesión de aquellos bienes, Rodrigo de Paz apeló á las armas y se hizo fuerte en la casa de Cortés.

El asalto iba ya á darse, y todos preveían grandes catástrofes, cuando el mismo Estrada, que estaba en calidad de prisionero, y los frailes de San Francisco, que ejercían muy grande influencia en México, lograron convencer á Paz que se rindiese.

Salazar y Chirino ofrecieron á Paz todas las garantías para su persona, y así lo juraron ante los capitanes José de Alvarado y Andrés de Tapia.