—Aun es tiempo;—le dijo—confiesa y vivirás.
—¿Vivir?—contestó Rodrigo con voz desfallecida y levantando una manta que cubría sus mutilados pies—¿y para qué quiero vivir así?—y luego, dirigiéndose á los que le rodeaban, gritó:
—Señores, si algunos de vosotros volvéis á ver á Cortés, decidle que me perdone, por haber dicho que él se había llevado sus tesoros á las Hibueras: el dolor del tormento me hizo mentir.
Salazar, enfurecido entonces, hizo á los verdugos una señal; tendióse la cuerda, crujió el motón, y Rodrigo de Paz quedó suspendido en la horca.
Así murió el primer revolucionario de México, víctima, como todos, de la ingratitud de los mismos hombres que le debían el poder de que gozaban.
LOS DOS ENJAULADOS
I
El Emisario
Era el domingo 28 de enero de 1526.
Las companas de las iglesias y monasterios de la ciudad de México llamaban á los fieles al sacrificio de la misa, y la multitud se agrupaba á las puertas de los templos.