—Deseo hablar con vuestra merced á solas—dijo el recién llegado.
Pedro de Paz le miró sin poderle reconocer.
—Pero esto ha de ser ahora mismo—continuó el hombre.
Pedro le miró con desconfianza, y luego exclamó como resolviéndose:
—Vamos.
Dos horas después Pedro de Paz refería á algunos de los refugiados de San Francisco que había llegado Martin Dorantes, lacayo del muy magnífico señor Hernando Cortés, con cartas de su amo, en las que destituía á los gobernadores, nombrando en su lugar á Francisco de Casas.
Mostráronse las cartas, pero durante todo el día aquello permaneció con el carácter de un secreto, y nada se supo fuera de las tapias del convento.
II
El Pregón
Llegó la noche, y en el azul purísimo del cielo de México se elevó majestuosamente la luna, plateando con sus rayos los edificios aztecas que se demolían para no volverse á reconstruir jamás, y las casas y los templos que levantaban los conquistadores sobre aquellos escombros.
Porque en aquellos días la Tenoztltlán de Moctezuma desaparecía para dar lugar á la México de Cortés.