—Con lanzas, picas, ballestas, arcabuces y otras armas, hasta quinientos.

—Con quinientos hombres resueltos me comprometo á batir á Salazar.

—Es que cuenta, según sabemos, con mil castellanos.

—Y nosotros con la justicia de nuestra causa, que vale por un ejército: quinientos hombres me bastan.

—Pero aunque hay armas, faltan brazos que las esgriman.

—Dios nos ayudará; dispón que me sigan en este momento treinta jinetes escogidos.

—¿Qué piensas hacer?

—Ya lo verás: yo saldré con esos treinta jinetes; tú entretanto te pones en son de defensa con el resto de la gente, por si Salazar intentase algo contra el convento: fía en Dios, y mañana á la madrugada, armas serán las que falten para darlas á nuestros partidarios.

Andrés de Tapia salió de la estancia en que hablaban, y media hora después volvió diciendo á Jorge de Alvarado:

—Los jinetes están listos.