Huye del castigo humano. ¿Podrá esconderse á la mirada de Dios?

México, Octubre de 1870.

Juan A. Mateos.

COMONFORT

I

La sincera amistad que le profesamos en vida, y el pesar y respeto que nos causó su muerte trágica y prematura, harán quizá que no seamos enteramente imparciales al consagrarle unas líneas en esta publicación donde hemos consignado el funesto fin de hombres célebres y distinguidos en las edades de nuestra historia. No es una biografía la que vamos á escribir, sino el recuerdo familiar de algunos de los rasgos más marcados de un personaje que, de todas maneras, tendrá que figurar en nuestra historia contemporánea.

II

Puebla pasa por uno de los Estados donde ha penetrado con más trabajo la civilización.—No tengo esa creencia, y me parece simplemente que el apego religioso á sus antiguas costumbres y creencias, da motivo á una crítica que tiene mucho de injusta y de apasionada. Los hombres distinguidos que ha producido, bastarían para destruir en parte esta preocupación. Comonfort era originario de un pueblo del Sur de ese Estado. Sus primeros años fueron, como es común, dedicados a la escuela y al colegio, donde fué condiscípulo de D. Antonio de Haro y Tamariz, que murió el año pasado en Roma con el hábito de jesuita.

Nada se encuentra en los años de la juventud de Comonfort que revelara el alto destino que debía ocupar en la República, y la marcada influencia que debía ejercer en los negocios públicos. Los empleos que desempeñó en los primeros momentos de su carrera política, fueron subalternos y de la esfera política. Después vivió algunos años reducido al círculo privado, y dedicado al cultivo de una propiedad que tenía en el campo, situada entre México y Puebla, y la cual enajenó en los últimos días de su gobierno.