Como los reyes, dejó en un pliego cerrado nombrados los gobernantes que debían de sucederle; pero la revolución avanzaba á grandes pasos al centro.
Comonfort continuaba sus hazañas militares, y se hacía á la vez temer y amar de los pueblos por donde pasaba.
Obraba ya con unas tropas medianamente regularizadas, y en un extenso Estado como el de Jalisco. Zapotlán era una plaza fuerte, guarnecida con fuerzas del Gobierno. Comonfort la atacó, asaltó personalmente una fortificación y llegó hasta la plaza, precediendo á mucha distancia á sus soldados. Este triunfo, puede decirse personal, le grangeó la admiración de todas esas poblaciones, y cuando se dirigió á Colima, la ciudad le abrió sus puertas, y en lugar de balas y pólvora hubo banquetes, bailes y regocijos.
En la capital se organizó una presidencia interina que ocupó el general Carrera; pero no siendo reconocido por la revolución, las fuerzas que desde entonces podían llamarse liberales, se avanzaron á la capital, y cosa de cincuenta mil hombres de línea que había dejado Santa-Anna, ó se disolvieron ó fueron tomando parte en el movimiento.
VI
El general Alvarez, patriarca centenario del inexpugnable Sur, fué también el jefe de una revolución. Vino á Cuernavaca, y allí una junta, como era de esperarse, lo eligió Presidente. Alvarez eligió á Comonfort para su Ministro de la Guerra, y con este carácter vino á la capital, después de derrocado Santa-Anna. La revolución era en el sentido liberal, pero no progresista. El partido moderado, teniendo por principio no hacer peligrosas innovaciones, era en ese sentido antagonista del partido rojo. Comonfort, representante de esa revolución y de ese partido moderado, fué elegido Presidente substituto el 12 de Diciembre de 1855, no sin haber tratado de impedirlo el partido liberal exaltado.
A los pocos días y cuando apenas acababa la revolución llamada de Ayutla, brotó otra nueva en Zacapoaxtla. Todas las tropas de que podía disponer el gobierno, le abandonaron; mientras que los pronunciados, á cuya cabeza estaba D. Antonio Haro, se posesionaron de Puebla con una gran fuerza, y amagaban la capital.
Fué necesario reclutar nuevas tropas, armarlas, vestirlas y enseñarles hasta los primeros rudimentos del arte militar; pero con la actividad y energía que desplegó la administración en esos momentos supremos, se vencieron todos los obstáculos, y en el mes de Marzo de 1856, Comonfort se hallaba frente de Puebla con cerca de 16 mil hombres.
Dotado Comonfort, como se dice vulgarmente, de un buen ojo militar y de un valor sereno é inalterable, arriesga una batalla en Ocotlán, contra los mejores jefes del ejército de línea, que mandaban las fuerzas contrarias, y triunfa completamente el 8 de Marzo; estrecha sus operaciones sobre Puebla, toma la plaza, y habiendo dominado la más formidable de todas las revoluciones que han estallado contra los gobiernos de México, regresa triunfante á la capital, donde es recibido con unas festividades y unos banquetes populares nunca vistos hasta entonces.
Aunque las fiestas que se hicieron se llamaron de la paz, la paz no duró sino unos cuantos días. En Puebla hubo otra sublevación y otro sitio, y en San Luis estalló otro pronunciamiento. De todos estos peligros salió Comonfort airoso, y logró vencer y tener en su poder á todos sus enemigos.