A poco andar, se oyeron unos tiros, y en seguida se advirtió que eran de los exploradores que se batían contra la emboscada. El Coronel Cerda detuvo el carruaje; el General montó á caballo, mandó cargar á la escolta, y después de dar esta orden, mandó al general Cañedo que avanzasen los infantes que venían á retaguardia para que apoyados en los árboles, hiciesen fuego protegiendo el paso de la caballería. A este mismo tiempo, y habiendo deshecho la corta descubierta, cargaron los contraguerrilleros, que eran muchos, y envolvieron á los jefes y á la escolta, haciéndola sucumbir, á pesar de la superioridad de sus fuegos, cayendo muertos alderredor del General Comonfort, el Comandante Velázquez, el Teniente Coronel Vergara, y el Coronel Cerda, gravemente herido.
El General Comonfort, no obstante haber sido cubierto por su séquito y por su escolta, había recibido un machetazo en la cara, desde el ojo, que le había dividido el carrillo, y conservaba aún su pistola, ya descargada, para intimidar á los muchos cosacos que le acometían; cuando se le presentó delante el famoso capitancillo Sebastián Aguirre, en un brioso caballo tordillo que bailaba aún, alborotado por las detonaciones de las armas de los carabineros de la escolta, que casi habían cesado. El dicho capitancillo traía su lanza en ristre, arma común á toda su fuerza, y deteniéndose delante del General Comonfort, bien fuera por el respeto que éste infundía, ó por asestarle un golpe seguro, le dió lugar para dirigirle la palabra, y le dijo: «Amigo, no me mate vd., y le ofrezco hacerle una bonita fortuna.» Aguirre, lejos de aplacarse, le contestó: «Que no venía á robar sino á cumplir con las órdenes de su general,» dándole al mismo tiempo una lanzada que le dividió el corazón, cayendo consiguientemente en tierra, inmóvil, el General Comonfort.
En seguida los bandidos de Aguirre no se ocuparon de otra cosa que de desvalijar el carruaje y aun á los muertos que habían quedado en el campo.
El General Cañedo se encontraba á alguna distancia queriendo someter á los llamados infantes para que fueran á batirse, conforme á las órdenes del General Comonfort, y que hasta allí habían venido custodiando las cargas de fusiles; éstos no quisieron obedecer, y corrieron para el monte.
Al día siguiente fué conducido á Chamacuero el cadáver del General Comonfort.
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Cualesquiera que hayan sido los errores que como gobernante cometió Comonfort, su memoria debe ser grata para los mexicanos, porque era valiente, honrado, sencillo, afectuoso, franco, generoso y bien intencionado; y representaba en conjunto la parte buena, amable y noble de la raza mexicana.
Manuel Payno.