El Gobierno legítimo abandonó la Capital después de esa gloriosa epopeya que se llamó el sitio de Puebla.

El ejército de Napoleón III ocupaba las ciudades y los pueblos sin resistencia.

Aquella era la marcha triunfal de la iniquidad.

El paseo militar de la fuerza que vence al derecho.

Pero el derecho debía tener sus representantes sobre la tierra, para protestar y combatir.—Debía tener sus mártires, y los tuvo.

Y los representantes del derecho y de la Libertad se refugiaron en las montañas para protestar y combatir.

Y los mártires encontraron en las montañas su Calvario.

Al principio, es decir, antes de que comenzara esa larga serie de sangrientos combates que con fuerzas tan desiguales sostuvieron los defensores de aquel heróico pueblo, la hospitalidad no fué de lo más cordial.—Después que el fuego enemigo los encontró juntos, todos fueron unos.

En las primeras invasiones, la población emigraba en masa.

Así podía llegar la noticia de la venida del enemigo á la mitad del día como á la mitad de la noche; en una mañana serena ó en una tarde tempestuosa.