El general Arteaga hizo á Villagómez la misma pregunta que poco antes me había hecho á mí, y Villagómez fué de mi misma opinión.

Entonces insistí yo; Salazar apoyó la opinión de Arteaga, y éste ordenó la retirada.

Pero esta retirada no debía hacerla nuestra fuerza en un solo cuerpo, sino que debía dividirse en tres secciones: la primera con los generales Arteaga y Salazar, tomaría el rumbo del Sur, internándose por la Tierra Caliente; la segunda, á las órdenes del coronel (hoy general) Ignacio Zepeda, se dirigiría al Estado de Jalisco, á expedicionar por Zapotlán; y yo, con la tercera, debía ir hasta Morelia, si no á intentar la toma de la ciudad, porque estaba fortificada y la mayor parte de mi fuerza consistía en caballería, sí á poner en alarma á la guarnición.

Con esta resolución ya se dictaron las disposiciones necesarias, y á las cinco de la tarde, bajo una espantosa tempestad, comenzaron á desfilar las tropas, tomando cada una de las secciones el rumbo designado: Zepeda el camino de San Juan de las Colchas, Arteaga el de Tancítaro, y yo el de la Sierra de Paracho.

En estos momentos, Méndez, con las tropas imperiales, estaba ya á muy poca distancia de nosotros.

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Arteaga llevaba la brigada que mandaba Villagómez, una sección que estaba á las inmediatas órdenes del coronel Jesús Díaz, y algunos piquetes de infantería y caballería que no estaban incorporados en ninguna brigada.

A pesar de la tormenta y del mal estado de los caminos, Arteaga hizo caminar á la tropa que le acompañaba toda la noche del día en que se efectuó la retirada, y al siguiente día llegaron al pueblo de Tancítaro.

Aquella precipitación había sido una medida prudente, y que los acontecimientos posteriores confirmaron de necesaria, porque el día 12, en el momento en que los soldados iban á tomar «el rancho,» llegó la noticia de que el enemigo estaba tan cerca de Tancítaro, que sin permitirse tomar el primer bocado á los soldados, se emprendió violentamente la retirada rumbo á Santa Ana Amatlán.

Sin embargo, Méndez logró alcanzar la retaguardia de los republicanos; pero Villada, que la cubría con un batallón, sostuvo bizarramente la retirada, y por esta vez volvió á salvarse aquel pequeño ejército.