—¿Qué es de mi escritura, Baldovinos?
—Aquí está ya, curita.
El doctor apenas la vió, dijo al notario:
—¿Quién ha escrito esto?
—Ahora lo verá usted, curita.
El señor Baldovinos condujo al cura al interior del despacho y al estar frente al escritorio de Nemesio, le indicó:
—Aquí le tiene usted.
—Cédame á esto joven, Baldovinos.
Convencido el notario de que el doctor le impartiría protección decidida, dejó que cargara con él para su casa.
Tendría treinta pesos al mes, habitación y alimentos. La nueva casa estaba cerca del Seminario. Fué su trabajo el ser escribiente y profesor del niño Nicolás Medina, con el cuidado especial de perfeccionarle en la forma de su letra. Siempre le llamó «Nicolacito,» «mi querido muchachito;» porque era bueno, cariñoso y honrado como él.