Una vez, para que se vea de bulto su carácter, fué con Nicolás Medina, su íntimo é inolvidable amigo, á las fiestas de Tarímbaro.
Había corrida de toros.
Salió uno bravísimo, feroz, temible, que echó al suelo en un dos por tres al hombre que lo montaba.
—A mí no me tira—dijo Nemesio.
Y dicho y hecho: bajó al redondel así como estaba elegante: camisa bien aplanchada, traje de color negro y sombrero alto. Montó á la fiera, teniéndose firme con la presión que ejercía con los miembros inferiores. El público parecía haberse vuelto loco al mirar al caballero bien montado y al animal hecho una furia, corcoveando, bramando, ya libre del lazo, sin poder echar al suelo al jinete que se sostenía, sin pretal: aplaudía, y gritaba desaforadamente. El joven alcanzó una ovación inusitada.
Era tal la fuerza de Nemesio, que domaba un caballo con la presión de los muslos.
Morelia tenía noticias de su talento y erudición. Una vez le invitó el Seminario para que fuese á replicar en los exámenes de fin de año. El Gobierno del Estado no tardó en convencerse de la sabiduría del joven.
A él se debe la organización del Colegio de San Nicolás.
Los señores Luis Gutiérrez Correa, como jefe del partido liberal, Juan González Urueña, Juan Bautista y Gregorio Ceballos y Melchor Ocampo celebraban juntas secretas para discutir los medios mejores de derrocar al gobierno retrógrado. A éllas asistía Nemesio.
El general Ugarte le redujo á prisión por andarse mezclando en la cosa pública.