De día estaban con el arma al brazo, ordenando tomas de plazas ocupadas por los santanistas y haciendo más posible el triunfo del plan de Ayutla.
De noche, teniendo en mucha cuenta la mala fe de las fuerzas de Pátzcuaro, se iban á dormir al cerro de Cirate, inaccesible por lo escarpado y perdedizo por lo nemoroso.
Haciendo expediciones de acá para allá, tomaron á Uruápam; por asalto, á Puruándiro; los santanistas de la Piedad se rindieron.
De vuelta encontraron que Tinguitiro era presa del fuego. El enemigo estaba al frente en expectativa. Los soldados de los dos bandos, bien formados, sin avanzar un punto, se avistaron; pero no se hicieron nada.
Una noche pasaron bajo las ruinas.
La plaza de Puruándiro fué tomada por cincuenta hombres, á la cabeza del comandante Calderón, sin que lo supieran los jefes del sitio. Vieron venirse abajo una trinchera y pretendieron ganar tiempo para dar el asalto; pero un soldado del general Juan Nepomuceno Rocha dijo:
—Señor, si ya están adentro.
—¿Quiénes?
En Penjamillo se recibió carta de que se habían pronunciado en Zamora los señores Trejo y Miguel Negrete, acabados de ascender á tenientes, y que pedían pronto auxilio.