El 24, á las siete de la noche, Miramón, de bota federica, puesto el sombrero y con un fuete en la mano, se presentó en la habitación de Berriozábal, Degollado y Gómez Farías. Les manifestó que abandonaba la Capital, encargándolos del orden, para lo cual les dejaba un piquete de soldados á discreción[11].
Libres los tres prisioneros, habiendo rehusado tener el mando en la ciudad don Santos Degollado por estar procesado, el general Berriozábal dió toda clase de garantías á los habitantes.
El 1.º de Enero de 1861 entró el Ejército federal al mando del general González Ortega.
Nunca México ha visto mayor entusiasmo del pueblo, como esa vez.
La ciudad estaba engalanada; por las calles, donde pasaba el Ejército, llovían esencias y flores; no había espectador que no lo vitorease.
González Ortega, que traía el estandarte de la ciudad, frente al Hotel Iturbide, hizo que se le incorporasen, para participar de la gloria del triunfo, Berriozábal y Degollado, quienes se encontraban tras una vidriera viendo el desfile.
Ahí el general González Ortega manifestó públicamente, estrechando entre sus brazos á don Santos Degollado y vitoreándole, que á él le pertenecía la ovación, porque era el primero por su constancia y su fe.
Juárez, Ocampo y Emparan visitaron á don Santos Degollado, el día 13, en su casa, la número 2 de San Juan de Letrán.
El gran jurado no pronunciaba aún en la acusación el «ha lugar á proceso.»