Bien decía el Archiduque Maximiliano al general Nicolás Medina, en 1864:
—¡Pobre hombre! No lo comprendió su siglo, no lo conoció su país[13].
Angel Pola.
LEANDRO DEL VALLE
1833-1861
Me viene la conformidad, luego que recuerdo que murió por su patria—Ignacia Martinez, madre de Leandro del Valle.
I
En el primer año de la segunda década del siglo XIX, cuando Hidalgo desplegaba el estandarte de la independencia de México en el pueblo de Dolores, el coronel Rómulo del Valle vivía ya muy comprometido en la trama urdida para difundir la idea de nuestra emancipación de España y el derrocamiento del gobierno virreinal, que no le parecía en manera alguna digno: quería con el alma un régimen político propio y defendía su credo por todo Querétaro á la cabeza de un grupo de patriotas. Prestó servicios que debe grabar la Historia, desde 1811 hasta el triunfo de la Reforma, en que anduvo con el arma al brazo junto con don Juan Alvarez: ¡cuarenta y cinco años de lucha por la autonomía nacional y la República, y en aquellos tormentosos días en que se jugaban vidas y haciendas por los principios, el todo por el todo!
Doña Ignacia Martínez, esposa de don Rómulo, con ser católica devotísima, jamás discutió, ni en el seno del hogar, los pensamientos liberales del valiente soldado y que andando la revolución heredarían sus hijos.
Leandro fué quien más llevó en la sangre estos bellos ardores de patriotismo y libertad. Venido al mundo en México y en la calle de San Agustín núm. 2, el 27 de Febrero de 1833, su padre le inculcó las ideas que tejen el indisoluble lazo entre el ciudadano y la tierra en que se nace. Recibió su instrucción primaria en una escuela de Jonacatepec, E. de Morelos, que dirigía don Francisco Saldaña, un santo profesor que cuidaba mucho de tener irreprochable conducta para no aparecer modesto con hipocresía. Muy joven, á los once años cumplidos, entraba en el Colegio Militar, carrera por la que sentía, más que curiosidad de niño, decidida vocación.