—Pierde usted todo.

—Pero gana el partido puro.

La mina voló parte del bastión y cuarteó la casa de la patriota, pero no sin fruto. Una tarde, aprovechando la lista de seis, Refugio I. González, el coronel Bravo y Valle con los Mosqueteros, entraron los primeros por la brecha y comenzaron en silencio, con audacia verdaderamente temeraria, á hacerse de las posiciones del enemigo. Bravo, compitiendo en arrojo con Valle, subió á la azotea del Palacio de Gobierno, quitó del asta la bandera de la reacción que flotaba é izó su blusa roja que llevaba puesta.

Entonces Valle habló así á sus soldados:

«Esta plaza inexpugnable para esos ejércitos asalariados que sirven de ciego instrumento al gobierno que los paga, ha caído ante vosotros, soldados de discernimiento y de convicción, para quienes la pérdida de la vida importa poco con tal que triunfe la causa á que habéis consagrado vuestros esfuerzos, y que no aspiráis á otra recompensa que al placer de haber hecho la felicidad de la patria y á un recuerdo honorífico de la posteridad. Hay entre vosotros algunos más admirables todavía, que sin esperar que la historia registre sus nombres, se inmolan sin embargo gustosos en el altar de esa divinidad misteriosa que ha hecho de los sacrificios humanos la condición indispensable de los mejoramientos sociales. ¡Mártires anónimos, que fecundáis con vuestra sangre el árbol de la libertad, para que otros recojan los frutos, sin pedir salario ni gloria especial para vosotros, mi corazón se llena de ternura y de veneración al contemplar tanto patriotismo y tanta abnegación! Vosotros sois los verdaderamente grandes y los verdaderamente heroicos

Por esta acción, don Santos Degollado ascendió á Valle, sin perder su empleo de teniente coronel de ingenieros, á coronel efectivo de infantería.

Desde 1858 hasta el desconocimiento de don Santos Degollado, Leandro estuvo compartiendo con él los pocos triunfos y las muchas derrotas, acompañándole á Michoacán y siguiendo abnegado y perseverante la misma suerte que él, á quien debía su carrera y respetaba como á su padre.

Teniendo en cuenta los servicios que prestó en el valle de México, se le dió el grado de general de brigada.

En la Coronilla derrotó á Vélez y le quitó los pertrechos de guerra, y con la desventaja de que Leandro del Valle iba á la cabeza de restos de tropa mal organizada y sin instrucción.

Al ser herido el general Uraga en el ataque de Guadalajara, á mediados de 1860, la presencia de ánimo y el respeto que imponía Valle, hicieron que los soldados recuperasen la moral ante el gran peligro que los amenazaba.