«Ejercito Nacional.—General en Jefe.—Leonardo Márquez, General en Jefe de este Ejército, ordeno que el Capitán de Ingenieros que pertenece á mi Estado Mayor, Manuel Beltrán y Puga[15], se encargará de pasar por las armas al traidor á la Patria don Leandro del Valle, el cual será fusilado por las espaldas, para lo cual se le dejará media hora para que se disponga, y después de haberle fusilado, que se le ponga en un paraje público para escarmiento de los traidores, para lo cual pedirá en el escuadrón de Exploradores Valle, doce hombres, al Comandante de Escuadrón D. Francisco Aldama.
«Por lo tanto, mando que le comunique esta orden á dicho capitán. Dios y orden. Cuartel general de Salazar. Junio 23 de 1861.—L. Márquez.—Al capitán de Estado Mayor, Manuel Beltrán y Puga.»
Lindoro Cajiga y Jiménez Mendizábal cargaron á la derecha del camino con el prisionero, y en un claro de monte hicieron alto. Y empezaron los preparativos del fusilamiento. Ordenaron á Valle que se apeara de San Pedro, porque lo iban á pasar por las armas. Permaneció de pie, cerca de un tronco de árbol. Una escolta de infantería esperaba la voz de mando. Al aparecer el capitán que debía ejecutarlo, Valle, desabrigándose, dijo al P. Bandera, capellán del ejército reaccionario:
—Padre, le regalo á usted mi capa.
Sus botas federicas se las dió al coronel Ismael Piña.
En este instante, Miguel Negrete se presentó á caballo.
—Señor general, yo soy el general Negrete, por cuya cabeza ha ofrecido usted mil pesos; hoy no quiero más que darle un abrazo.
—Con mucho gusto.
Se apeó Negrete y abrazó á Valle, y éste le regaló su reloj, diciéndole que como un recuerdo.
Otra voz salió del grupo, la del coronel Agustín Díaz.