—Un antiguo compañero de usted, de colegio, desea tener esa misma satisfacción.
Valle le abrió los brazos.
—Deseo escribir á mi familia—suplicó al capitán.
Y en un plieguito de papel, escribió con lápiz esta carta:
«En el Monte de las Cruces, Junio 23 de 1861.—Padre y madre queridos; hermanos todos: Voy á morir, porque esta es la suerte de la guerra, y no se hace conmigo más que lo que yo hubiera hecho en igual caso; por manera, que nada de odios, pues no es sino en justa revancha. He cumplido siempre con mi deber; hermanos chicos, cumplan ustedes, y que nuestro nombre sea honrado, como el que yo he sabido conservar hasta ahora.
«Padre y madre: A...... esa carta, á mí, un eterno recuerdo. También de tí me acuerdo, Agus[16], tú has sido mi madre también.
«A mis hermanos y amigos, adiós.»
Reinaba el silencio del respeto que produce el heroísmo.
Así que terminó, el P. Bandera le dijo:
—Confiésese usted.