Los botes, tripulados con un buen número de gente provista de escalas, garfios, picas y demás instrumentos propios para el abordaje, se desprendió de la «Proserpina» y resueltamente se dirigió á la «Cleopatra.» El mismo silencio, la misma terrible inmovilidad.

—¡Animo, marinos! gritó el jefe que mandaba los botes; acordáos que sois españoles y que estais en la tierra de Cortés. Arriba! á ellos! y no haya misericordia.

Los marinos españoles se lanzaron como leones.

Un gato, único defensor que había quedado á bordo, corrió por la cubierta, y mirándose atacado por los marinos de la «Proserpina,» corrió sobre cubierta, se precipitó, sin saber dónde, cayó sobre la cara del comandante, se afianzó con las uñas de sus barbas y carrillos, y al grito de sorpresa y de dolor del bravo marino, el gato cayó en el agua y desapareció entre las ondas. Los asaltantes tuvieron que soltar una carcajada.

Sin embargo, el brigadier D. Francisco de Beranger, que mandaba esta expedición, dió á su regreso á Veracruz un parte en que describía una terrible batalla naval y un sangriento abordaje. El virrey los recomendó á España, y decretó que llevaran en el brazo derecho un escudo con el siguiente epígrafe: Al importante servicio en Soto la Marina.

III

Mina no perdió su tiempo. Construyó un fuerte regular en Soto la Marina, y resolvió expedicionar en el interior del país.

La mañana del 24 de Mayo, Mina, ya con su espada ceñida, estaba en la plaza al frente de sus tropas, que eran las siguientes:

General y su Estado Mayor11
Guardia de honor al mando de Young31
Caballería124
Regimiento del Mayor Sterling56
Primero de línea64
Artillería5
Criados12
Ordenanzas5
Total308

Era ridícula esta expedición. Mejor dicho, era sublime. El comandante tenía en sus ojos la victoria.