Valle debía salir á la mañana siguiente.... á los desfiladeros de las Cruces, donde el enemigo le esperaba.

Al joven general, que acababa de asistir á combates de primer orden, le parecía de poca importancia aquella expedición; así es que se entregaba al esplendor de una fiesta en medio de sus ilusiones de amor y la efusión simpática de sus amistades.

Valle ofrecía á los pies de su prometida, traer un nuevo laurel de victoria, cosechar un nuevo triunfo, manifestarse héroe al influjo santo de aquella pasión.

Resonaba la música poblando de armonía aquella atmósfera de perfumes; las flores exhalaban su esencia, como el corazón sus suspiros y el hervidor champagne apagaba sus blanquísimas olas en los labios encendidos de la belleza!...... Ilusiones, amores, esperanzas; velas flotantes en la barca de la vida!

En medio de aquel mundo de ensueños, resonó una palabra que es de tristeza en todas circunstancias...... Adiós!

Frase misteriosa, exhalación pavorosa del alma, voz de agonía, acento desgarrador que anuncia la separación, parecido al choque de una ola que se aleja en el mar para no volver nunca!.......... Ay! ¡cuántas olas han desaparecido en ese mar siniestramente sereno de la existencia, dejándonos la huella imborrable de los recuerdos!

Valle partió emocionado al campo de batalla; oyóse el rumor de las cajas, el paso de los batallones, el rodar de la artillería......... después, todo quedó en silencio!

V

Estamos en la mañana del 23 de Junio de 1861: las nubes se arrastran entre los pinares del Monte de las Cruces, y una lluvia menuda cae en el silencio misterioso de aquellos bosques.

Todo está desierto; por intervalos se escuchan los golpes del viento que agita las pesadas copas de los árboles y arrastra á gran distancia el grito de los pastores.