—Pues andando, que el tiempo avanza.
Quesada y Martin comenzaron á caminar lo mas aprisa que les permitia la oscuridad de la noche, y el pésimo estado de las calles, llenas de lodo, de charcos de agua, y de cerros que se formaban en las esquinas con la basura que arrojaban allí los vecinos de las casas cercanas.
Así llegaron hasta las tiendas que habia, en donde despues se levantó el Parian, y que ocupaban una parte de la Plaza Mayor.
—Me permite su señoría un momento,—dijo Martin.
El Oidor se detuvo, y Martin se dirigió á una de las tiendas y llamó fuertemente.
—¿Quién va?—dijo desde adentro un hombre.
—Yo—contestó Martin—abre Zambo.
—¿Quién es yo?
—Yo, Garatuza, ábreme pronto.
A pocos momentos se abrió la puerta.