Luisa pagó su galantería con un beso lleno de pasion.

Don Pedro salia.

—¡Ah!—dijo Luisa—¿sabeis que llegó ya la carga de la nao de China?

—No.

—Pues ya me avisaron, y dicen que vienen primores, esta tarde iré á ver antes de que vayan á ganarme.

—Enviad á vuestro mayordomo antes á mi casa.

—No, ¿para qué?

—Hacedme ese favor.

—No.

—Os lo suplico.