—¿Y qué quereis?
—Quiero algunos polvos, alguna bebida, algo para que él me ame.
—Doña Luisa, tan hermosa sois y tan seductora, que no habeis de necesitar esos polvos: si ese hombre os mira, á menos de estar loco, os amará.........
—Y sin embargo, no me ama.
—¿Os conoce?
—Sí, por mi desgracia.
—¿Es amigo vuestro?
—No: héle visto pasar por mi casa algunas veces; ha reparado en mí, y sin embargo no me ama.
—Pero eso ¿cómo lo sabeis?
—¿Cómo lo sé? Os figurais que una muger deja de comprender cuando un hombre la ama, por oculto y por disimulado que sea su amor: no, él no me ama, y yo necesito su amor; dadme algo para conseguirlo y no os pareis en el precio, así me costara una onza de oro cada gota de ese elíxir.