—No le conozco.
—Pero no olvideis el nombre.—Y ahora tengo que pediros que interpreteis un sueño que me ha visitado varias noches, y que no puedo comprender.
—Decidlo.
—Era un campo que yo contemplaba desde los balcones de mi casa, y era por demas florido y bello, y habia en él un hermoso pichon blanco: yo tenia en mis brazos una paloma, que solté, llegó á do estaba el pichon, y apenas comenzaron á arrullarse amorosamente retumbó un trueno, y un humo denso y color de sangre eclipsó todo, y no mas; pero yo he soñado ya esto muchas veces.
—Eso es muy fácil de esplicar: el pichon es un caballero, la paloma sois vos, que se irá con él, y el trueno y el humo indicios son de que estos amores serán el principio de grandes y sangrientos trastornos en esta tierra.
—¿Y no son señales de muerte para mí?
—No aparece ninguna.
—¿Podriaís decirme, poco mas ó menos, si me faltará mucho que vivir?
—Con tal que tengais valor para soportar la respuesta, cualquiera que sea.
—Le tengo—contestó Luisa con resolucion.