—Entonces veremos.
—Oíd—dijo la vieja—voy á evocar á mi familiar: si viene en la figura de un chivo, vivireis largo tiempo; si de un gato, morireis pronto.
—¿Qué diablos haré?—pensó Martin, soltaré el gato ó el chivo: vale mas el chivo, que mejor será la paga que la Sarmiento le saque á esta víbora.
En este momento la vieja gritaba palabras en idioma enteramente estraño para el Bachiller, y la dama esperaba con impaciencia.
Martin abrió una jaula y el chivo dando un salto llegó hasta donde la Sarmiento le tendia las manos.
—Viviré mucho—dijo Luisa conmovida—y animándose con el buen éxito preguntó á la vieja—¿y cómo moriré?
La tentacion fué tan grande para Martin, que no pudo resistir, y antes de que la Sarmiento pudiese responder, él, ahuecando la voz y procurando darle un acento estraño—contestó:
—¡Emparedada!
—¿Emparedada?—dijo Luisa trémula.
—¡Emparedada!—repitió Martin—¡emparedada!