—Quisiera hacer una prueba.

—Seria capaz de daros una redomita solo por convenceros.

—Dádmela.

—Antes decidme en quién pretendeis probarlo.

—Toma, en vuestra protegida, en la muda.

—Entonces no.

—No, ¿y por qué?

—Porque la verdad, es que sois un libertino, y la arrojariais, saciado vuestro capricho, á pedir limosna.

—Os doy mi palabra de que no.

—Jurádmelo.