—Quitar de enmedio á Don Fernando, paréceme mas fácil que conseguir la profesion de vuestra hermana.
—Si vos me respondiérais de lo primero, me encargaria yo de lo segundo.
—¿Y es cierto, perdonad mi indiscrecion que si vuestra hermana se casara, llevaria la mitad de vuestro caudal?
—Cierto es Don Alonso, que á vos que tan cercano pariente mio debeis ser, no quiero ocultar nada por mas que para evitar tentaciones, lo haya tenido esto siempre como un secreto, asegurando que Doña Blanca no tiene sino el necesario dote para profesar.
—Entonces el peligro es mayor de lo que yo creia.
—No os lo dije, la cosa es grave.
—Bien, en todo caso contad conmigo—dijo Don Alonso tomando su sombrero.—Os dejo, que es hora en que tengo un negocio de importancia.—Don Alonso salió preocupado.
—Yo soy soltero—pensaba—Doña Blanca tiene una herencia colosal......... pedírsela á Don Pedro seria locura. Este negocio me conviene......... pero como hacerlo......... visitar á la muchacha, además de que seria dificil, Don Pedro maliciaria......... ¿cómo? ¿cómo?—Y caminaba pensativo.
De repente se dió una palmada en la frente.
—Ya tengo el hilo—dijo—ya tengo el hilo—y se puso en precipitada marcha hasta llegar á una casa de gran vecindad que habia en la plaza de las Escuelas, que era adonde está hoy el Mercado principal.