—Una de las mayores y mas grandes traiciones de la vida.

—Alabado sea el Santísimo Sacramento.

—Amen—contestó Rivera tocándose el sombrero—dejad señora Cleofas de hipocresías que mal sientan palabras de alabanza á su Divina Magestad en bocas que usan del engaño.

—¿Del engaño? ¿qué quereis decir señorito?

—Oidme, señora Cleofas, y no os hagais de las nuevas, que mas agravais vuestro delito, contestadme ¿no os habeis criado en casa de mi tio Don Juan Luis de Rivera?

—Sí señorito.

—¿Y no le habéis comido su pan antes y despues de que hicísteis voto de ser beata descubierta de nuestro Padre San Francisco, viviendo hasta hoy con la limosna que yo os envío cada mes?

—Fuera ingratitud el negarlo.

—¿Entonces cómo llamareis á esa conducta que habeis conmigo observado, uniéndoos con mis enemigos y facilitando á media noche la entrada á los criados y familiares del Arzobispo que pusieron el altar en mis casas, en donde se celebró la misa que sabeis.........?

—Señorito—dijo la vieja completamente turbada.