—¿Y cuándo quereis que vaya?
—Esta misma tarde si se puede.
—Iré, señorito.
—Y le hablareis.
—¿Y qué le diré?
—Toma, eso lo sabeis vos, que las viejas saben mas de esos asuntos que el diablo.
—Jesus, y qué cosas me decís, ¿pero indicadme siquiera?
—Pues qué mas claro, decidla que un caballero jóven, acaudalado, español, en fin, como yo, pena por ella, y desea con ansia saber si podrá alentar esperanza de ser correspondido.
—¿Y si preguntare vuestro nombre?
—Segura vos de su prudencia, dádselo.