—Convengo, solo por serviros, que bien conoceis que yo no me mezclo en estos negocios, pero supongo que vuestros fines.........

—Son tan honestos como cristianos.

—Bien, iré; pero no os respondo del buen resultado.

—Id, que es lo que importa, ¿cuándo tendré razon?

—Pues yo os avisaré.

—No me atengo á que vos me aviseis, esta noche estaré aquí, cuidad de que me abran la puerta.

—¿Tan pronto?

—Sí, que por mí, ya quisiera estar en gracia con Doña Blanca; con que despachad, y hasta la noche.

Salió Don Alonso sin esperar respuesta, y la vieja beata se colocó sobre los hombros un manto de lana negro, se cubrió la cabeza, y cerrando su puerta con una llave de madera, se dirigió á la casa de Doña Blanca, á cumplir su comision.

La buena Cleofas sabia que el arreglo de aquel matrimonio podia producirle un resultado maravilloso; ella no tenia voto perfecto de pobreza, y calculaba cristianamente que no ofendia ni á Dios ni al Seráfico Padre San Francisco, ayudando á Don Alonso; además ella habia oido algo de que el matrimonio podia considerarse como un estado perfecto para servir á Dios en el mundo.