—¡Gracias á Dios!

—¿Quereis tomar algo?

—Si me haceis ese favor, chocolatito.

—Doña Mencia—dijo Blanca dirigiéndose á la dueña—¿quereis mandar que sirvan chocolate á la madre Cleofas?

—Sí señora—¿aquí ó en el comedor le quereis?

—Aquí, si me haceis esa merced.

Doña Mencia salió, y la beata quiso aprovechar el tiempo para su negocio.

—¡Ay hija mia qué cansada estoy!—dijo.

—¿Pues qué andais haciendo?

—Qué he de andar haciendo, este corazon que Dios me ha dado que no puedo ver lástimas sin condolerme, y tengo ahora el alma en un puño, hija mia, en un puño.