—Vos no pensais, pero él sí, y á fé que si no alcanzara de vos una esperanza, se moriria; sí, se moriria, que yo lo he visto, con estos ojos que se ha de comer la tierra, quedarse así como estático, pensado en vos y diciendo vuestro nombre, ¡criatura del Señor! quiere enviaros una esquela.

—¡Ay! no! Jesús! no, madre Cleofas, no, que ni lo conozco, ni pienso en él, ni está bien en una doncella recatada recibir recados y esquelas de amor.

En este momento entraron á servir el chocolate.

Doña Mencia no volvió á separarse ya de Blanca, y á la oracion se despidió Cleofas sin haber podido hablar mas con ella.

—Doña Mencia—dijo Doña Blanca cuando salió la beata.

—¿Señora?

—Si vuelve la Madre Cleofas, no la consintais entrar hasta mi aposento.

—¿Os ha disgustado?

—No, la pobre, pero hace unas visitas tan largas y quita tanto el tiempo..........

—Avisaré á los criados.