—Sí, pero que no le vayan á faltar en nada: ¿lo oís?
—Sí señora.
Y Doña Mencia salió á dar la órden.
—¿Quien podrá ser ese jóven?—pensaba Blanca.
Y sin querer quedó profundamente preocupada; sentia ya su corazon la necesidad de amar, y era la primera vez que sabia que ella inspiraba amor.
Luisa habia tenido razon en lo que habia dicho á Don Pedro de Mejía. El corazon jóven necesita amar.
XX.
Don Cesar de Villaclara.
UN jóven como de veinticinco años, pero que representaba indudablemente menos edad, ricamente vestido y seguido de dos escuderos, montado en un soberbio caballo negro de raza andaluza, enjaezado con una silla de corte y con arreos adornados de hebillas y botones de oro, atravesaba por una de las calles de la Alameda.
Al llegar á la puerta de San Hipólito un hombre que venia á pié se dirijió á él cortesmente y con el sombrero en la mano. El jóven detuvo su caballo.
—¿Sois por ventura,—dijo el de á pié—Don Cesar de Villaclara?