—¿Pero entre tantas?
—No son muchas las que hay tan bellas y tan principales; además, su amor os la denunciará, poned gran cuidado y mañana en la tarde venid si quereis, que en este mismo lugar os espero á las cinco: puedo seros muy útil, porque tengo entrada libre en su casa.
—Pero.........
—Nada mas os puedo decir: id con Dios.
—¿Cómo os llamais? Al menos.........
—Mañana si encontrais á la dama, y os place, lo sabreis.
Y el hombre dejando á Don Cesar admirado, se internó en el bosquecillo que formaban los árboles de la Alameda.
Seguiremos á este hombre, que no es ni mas ni menos, que el Ahuizote, hasta la casa de Don Manuel de la Sosa.
Luisa leía y Don Manuel dormia profundamente.
—Buenas tardes—dijo el Ahuizote.